JÓ, QUÉ BICHOS!

El siguiente ejemplo ha captado mi atención en cuanto lo he leído, la relación entre el gobio de Luther y una gamba ciega. El gobio de Luther no posee las dotes adecuadas para cavar una buena madriguera. Este problema se lo resuelve la gamba, con sus potentes patas cava la madriguera y ella obtiene del pez a su propio lazarillo. Viven juntos en la cueva y salen juntos a buscar alimento. Las antenas de la gamba están en contacto con el pez y cuando éste detecta un peligro, le da un toquecito a la gamba y ambos huyen a la cueva. Un claro ejemplo de perfecta simbiosis.




En numerosas ocasiones la relación de las hormigas con algunas plantas epífitas va aún más lejos, tomando actitudes defensivas que protegen a la planta de algunos depredadores hervíboros. A esta interacción se le llama mirmecofilia. En algunos casos, además, las hormigas activamente quitan aquellas plantas epífitas que se encaramen sobre la mirmecófita, o que se establezcan en el vecindario inmediato del tronco de la planta mirmecófita. A cambio reciben cobijo o recompensas alimenticias, como por ejemplo néctar. Sin embargo, las plantas sólo son consideradas mirmecófitas cuando además de producir alimento poseen estructuras capaz de albergar a la colonia de hormigas en su interior.
bulbosa

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