¿Ciencias o letras? La respuesta está en los genes

Las tendencias intelectuales de una persona están determinadas, en parte, por la herencia genética. Un trabajo publicado en la revista PLoS ONE ha descubierto que las personas en cuyas familias hay casos de autismo o síndrome de Asperger son más propensas a escoger profesiones técnicas y científicas. En cambio, entre quienes se decantan por las artes y las humanidades es más probable encontrar antecedentes familiares de depresión o bipolaridad.

El estudio se realizó encuestando a más de mil estudiantes de primer año de la Universidad de Princeton que debieron contestar a preguntas relacionadas con sus objetivos académicos y la incidencia de desórdenes neuropsiquiátricos en su familia. Aunque los intereses intelectuales de cada persona dependen también de factores ambientales, los investigadores han encontrado que existe un fuerte componente hereditario. Los genes podrían orientarnos en una dirección u otra, o bien determinar ciertos comportamientos que llevados al límite pueden ser patológicos. Por ejemplo, algunos expertos sugieren que el autismo es una manifestación extrema de caracteres muy metódicos, más propios de personas con mentalidad científica. 

Un claro ejemplo de esto es Albert Einstein, que sufría síndrome de Asperger, y destacó muchísimo en el campo científico. 

Javier Santos Saiz 4ºC

El gen de la Bailarina

El otro día de camino a las clases de ballet me pregunté que si yo estaba hecha para bailar o porque no puedo vivir sin el baile. Tras reflexionar sobre estas preguntas se me ocurrió la gran idea de buscar en Internet si las bailarinas y los bailarines tenemos un gen que nos diferencia de los demás, para así ponerlo en el blog. Y bueno esto ha sido lo que he encontrado:
La capacidad para bailar es una característica innata que se lleva en los genes, según un estudio realizado en Israel sobre el ADN de 85 bailarines y de sus padres. Sin embargo, la inclinación genética al baile no basta por si sola para convertir a una persona en un gran bailarín, ya que el esfuerzo y la dedicación siguen siendo claves, incluso para aquellos que han recibido biológicamente los genes del baile. Según un equipo de investigadores del Scheinfeld Center for Genetic Studies de la Hebrew University de Israel, dirigidos por el profesor de psicología Richard Ebstein los bailarines tienden a poseer variantes de dos genes relacionados con la transmisión de información entre las células nerviosas.  Uno de los genes se encarga del transporte de la serotonina, que es una sustancia que actúa sobre todo como neurotransmisor y que también ejerce una influencia en nuestra función del sueño, en los estados de ánimo, las emociones y los estados depresivos.  El otro gen es un receptor de la hormona llamada vasopresina que produce el hipotálamo y que parece estar relacionada con la capacidad para relacionarnos socialmente. 

Los autores de esta investigación consideran que muchas personas pueden poseer las variantes genéticas encontradas en los bailarines, y no por eso convertirse en bailarines profesionales: el talento debe explotarse para que se desarrolle. Sucedería algo similar a lo que ocurre con la inteligencia: se puede ser extremadamente listo de nacimiento, pero sólo una buena educación podría potenciar esa capacidad. 
Después de esto me replanteo el que yo pueda tener estos genes en mi ADN ya que mi madre se ha pasado toda su vida bailando y a mi padre le encanta. Ahora toca trabajar para llegar lejos 


Ángela Rojas

¿Genéticamente superiores?



Cada ser humano lleva en su ADN información heredada de sus padres. Unos genes que determinarán si tendrá los ojos azules, el cabello rizado o los pies grandes. En el caso del deporte, en particular del futbol, Brasil es un verdadero semillero de jugadores con una carga genética excepcional, con tendencia a volverse “cracks” en las mejores ligas del mundo.

Estos futbolistas exhiben perfiles biológicos superiores como la presencia del gen Actn3 o "gen de la velocidad", productor de una proteína en los músculos que les otorga fuerza y velocidad óptimas, transformando a su poseedor en alguien prácticamente insuperable en su disciplina, como lo fue Ronaldo.

Además registran una menor carga de la miostatina, un factor de crecimiento que actúa como freno en el desarrollo muscular y que permite una potencia explosiva en el tren inferior como la que caracteriza a Roberto Carlos o Thiago Silva.

Neymar, una de las grandes estrellas brasileñas
Pero ¿cuál es el mecanismo de selección genética para que Brasil sea una interminable fábrica de jugadores superdotados, mientras que en México un Hugo Sánchez o Javier Hernández, surgen cada década?

La lucha de biotipos: un proceso de selección natural
En el deporte de alto rendimiento no existe un factor único que asegure el éxito, más bien éste depende de factores como la carga genética, el entrenamiento y la mentalidad.

Michael Phelps tiene el torso longilíneo
Sin embargo, la presencia de biotipos especiales predisponen a un mejor rendimiento deportivo, por ejemplo el torso longilíneo del nadador olímpico Michael Phelps le permite una mayor amplitud en su brazada o el cuerpo ectomorfo de los maratonistas kenianos, con piernas largas y delgadas que pesan casi medio kilogramo menos que las de los corredores europeos.

El corredor keniano Kirui, tiene el cuerpo ectoformo (piernas largas y delgadas)
De la misma forma, el biotipo en el futbol es un elemento clave en las diferentes posiciones, considerando el hecho de que en la actualidad este deporte es cada vez más físico.

Con los futbolistas brasileños, ha sucedido algo curioso con la aparición de biotipos versátiles a lo largo de los años: en un principio, siendo un generador de delanteros pícaros y explosivos, o medios creativos excepcionales del tipo de Rivaldo o Kaká. Pero ahora, esos biotipos bien definidos han sido modificados por delanteros robustos como Adriano o “Hulk”, así como por mediocampistas más musculosos que técnicos.

Esta mezcla de biotipos ha sido el resultado de una selección natural en las dos últimas décadas, que ha adaptado el cuerpo de los jugadores brasileños al entorno actual, donde las condiciones físicas se privilegian antes que el talento.

En el caso de los jugadores mexicanos, esta adaptación somática ha tenido que acelerarse para poder competir de mejor forma con selecciones de su zona que se caracterizan por un biotipo musculoso y fuerte.

Volviendo a la pregunta que lancé en mi anterior entrada, afirmo que sí, que el tema de la velocidad, corpulencia, resistencia y demás factores que intervienen en el mundo del deporte vienen en los genes. Así pues, si somos de una forma u otra físicamente hablando, tenemos que mirar a nuestros padres y abuelos, porque, realmente, “somos ellos”, ya que heredamos lo que ellos tienen.

Luis Muñoz Arenas
            4º E.S.O. B      Nº 13